Skip to content

Por qué se sigue experimentando con animales

2012 febrero 5
by experimentacionanimal

Una vez recabada toda la información y, a través de la lectura de documentos relacionados con la experimentación animal, nos preguntamos, ¿por qué se sigue experimentando con animales a día de hoy? ¿Por qué este tipo de experimentos no sólo no se reducen, sino que, en muchos países, aumentan año tras año? Hacer un listado con las posibles causas es difícil, pero hemos decidido hacerlo de todas formas, aún a riesgo de que nos falten algunas o nos repitamos. El orden no es jerárquico.

1.         Inercia

2.         Intereses creados

3.         Obligación legal

4.         Generación continua de nuevos productos

5.         Sociedad “ciencio-tecnócrata”

6.         Aceptación científica

7.         Aceptación moral

 

 Inercia 

“Siempre ha sido así”. “Siempre se ha hecho así”.

Aunque parezca una estupidez, la inercia es una de las principales causas de que las cosas sean como son, y no hablamos sólo de experimentación animal. Los investigadores o profesores ven como un ataque personal y un cuestionamiento de su trabajo la propuesta o aparición de alternativas, y en los centros de formación se enseña lo que se lleva enseñando decenas de años. Es muy difícil empezar de cero cuando uno ya es experto en algo. Es muy difícil impulsar cambios cuando uno no los necesita. Es muy difícil cambiar leyes cuando nadie empuja a ello y sólo les corre prisa a los conejos. Es muy difícil cuestionarse lo que uno ha hecho o ha aceptado toda la vida. Y este cambio es especialmente difícil cuando hay todo un mundo creado durante años en torno a la experimentación animal, lo que nos lleva al siguiente punto.

Intereses creados

La experimentación con animales no impica sólo laboratorios y vivisectores; es una red de criadores y proveedores de animales, fabricantes de jaulas o de instrumental, transportistas, gobiernos, grandes compañías e industrias, que mueve mucho dinero cada año en todo el mundo. Es verdad que las alternativas abren nuevas oportunidades a nuevas compañías, nuevos profesionales o a quien esté dispuesto a reciclarse, y se vislumbran como un nuevo negocio; pero parte del entramado de la red quedaría fuera, y a esa parte le conviene que la experimentación continúe.

Obligación legal

La legislación va más lenta que la ciencia, por lo que no se amolda a los nuevos avances y alternativas que van surgiendo, exigiendo las mismas pruebas que hace decenas de años, lo que frena el desarrollo y la implementación de alternativas.

 Generación continua de nuevos productos

Vivimos en una sociedad de consumo; cada día aparecen nuevos productos y muchos de ellos requieren, como hemos mencionado en el punto anterior, el uso de animales. Este es un punto importante porque nuestro papel como consumidores de dichos productos es crucial.

Sociedad “ciencio-tecnócrata”

Obviamente, esta palabra no existe, pero la utilizamos para referirnos a la fe que tiene nuestra sociedad en la ciencia y la tecnología como vías de mejorar nuestra calidad de vida y resolver todos los problemas que surjan.

Aceptación científica

Aceptación de la validez científica de los experimentos

La mayoría de la comunidad científica confía en los experimentos con animales.

Se generan gran cantidad de datos (más publicaciones)

Actualmente la calidad científica, el currículo y el prestigio de los investigadores se mide por número de publicaciones científicas e índice de impacto de las mismas (el índice de impacto se relaciona con la calidad o el prestigio de la revista en la que ha publicado).

Asimismo, la investigación se basa en subvenciones, que se otorgan en base a la calidad científica del investigador o del grupo de investigación que las pida. Por eso, investigaciones a largo plazo o que generen muy pocos resultados tienen más dificultades para encontrar financiación.

La experimentación con animales suele dar lugar a bastantes publicaciones a poco que se sepan manejar los datos con inteligencia.

Se puede elegir la especie que mejor se ajuste al objetivo del experimento

Siempre dentro de un margen, podemos tener cierta capacidad de elección de la especie en función de su sensibilidad o resistencia a la sustancia a probar.

Aceptación moral en los círculos científicos

Moralmente, la experimentación con animales está aceptada en los círculos científicos. Cada día nuevos alumnos aprenden que los animales están a nuestro servicio y que usarlos es un mal menor para salvar a la humanidad.

“Los animales no se enteran de lo que les está pasando”

Se dice que los animales no saben lo que les está pasando y que es un error interpretarles desde una perspectiva humana, a través de la cual otorgamos apelativos como “cruel”, “ansiedad”, “soledad”, que los animales no perciben.

El hecho es que, aunque fuese verdad que los animales no “se enteran”, lo cual es mucho suponer, habría dos objeciones a que eso fuese un atenuante:

-     El dolor o el miedo en estado puro, el que no se puede racionalizar, al que no se le puede encontrar una causa, genera un estrés mucho mayor que el miedo racionalizado.

-     Aunque los animales no se enterasen de lo que les estamos haciendo, nosotros sí sabemos lo que les estamos haciendo y eso debería bastar. El argumento de que “no se enteran” es muy peligroso, puesto que puede aplicarse a animales, personas con diversidad funcional, niños, bebés, personas con trastornos psíquicos, ancianos…

“Las leyes de protección de los animales de laboratorio velan por su bienestar”

Las personas que apoyan la experimentación animal siempre recuerdan que existen “leyes de protección de los animales de laboratorio” en las que se especifica que no se les debe causar sufrimiento innecesario, maltratar o estresar, con lo que los animales de laboratorio están estrictamente protegidos.

“Los animales en los laboratorios están bien cuidados”

Este es un argumento muy usado por los vivisectores y por la comunidad científica que apoya esta práctica. Por ejemplo, según palabras en prensa de la doctora Carmen Cavada, catedrática de Anatomía Humana y Neurociencia que experimenta con macacos en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, estos animales viven en “excelentes condiciones (…) porque las jaulas son amplias, les cambiamos de habitación de vez en cuando, tienen juguetes, les ponemos música y ven la televisión”. Suponiendo que esto sea verdad, lo cual es tener mucha confianza, esta doctora se olvida, en primer lugar de que ella misma les provoca enfermedades neurodegenerativas para luego matarles; y en segundo lugar, de que un macaco no necesita juguetes ni televisión, sino vivir fuera de una jaula de una habitación de un laboratorio, en grupos, correr, trepar, buscar comida, acicalar a los suyos… si te abren la cabeza y luego te ponen la tele, eso no es una vida excelente. Por lo menos, que tengan la decencia de no calificar una vida de privaciones y dolor como excelente.

Cuántos alumnos de biología, farmacia o veterinaria no habrán escuchado “estas ratas viven mejor que quieren, ya me gustaría a mí vivir como ellas” mientras miran a un animal clavado con alfileres en un corcho a punto de ser diseccionado.

 Aceptación moral en el resto de la sociedad

Desconocimiento

La mayoría de la sociedad desconoce lo que ocurre tras las paredes de los laboratorios; muchas personas, de hecho, ni siquiera se plantean la existencia de los laboratorios de experimentación animal.

 Incredulidad

Una respuesta común ante la publicación de ciertas prácticas de laboratorio es “eso no puede ser” o “eso es un montaje” o “eso es un caso aislado”.

Aceptación para algunas especies

Se han dado casos de protestas frente al uso de perros o gatos en ciertos experimentos, las cuales han cesado cuando se han sustituido estos animales por cabras o cerdos.

Aceptación como última opción

Muchas veces la experimentación animal se plantea a la sociedad como última opción necesaria para salvarla del sufrimiento y la muerte, así como la única alternativa a la experimentación con humanos. La dicotomía que se plantea es “con animales o con humanos”, recordando a la famosa elección forzada “tu perro o tu hijo” que se plantea estúpidamente tantas veces.

Como vemos en este cartel gigante publicitario, la pregunta que se le hace a la población es “¿A quién preferirías ver viva?” dando a elegir entre una rata y una niña. Además de la frase en sí, hay un juego de palabras, ya que preferir en inglés es “rather”, compuesta por “rat”, rata, y “her”, ella).

Aceptación total

De las personas que conocen lo que implica la experimentación animal, hay un alto porcentaje que la acepta bajo la creencia de que los animales están para eso.

Silencio y pasividad

Por último, queremos incluir la pasividad y el silencio dentro de la aceptación moral de la experimentación con animales, puesto que, aunque a una persona le parezca algo horrendo, si es una opinión que pasa por su mente sin ninguna otra consecuencia, el resultado final es prácticamente el mismo que el de la aceptación.

Comments are closed.