Skip to content

Ética Biomédica

2012 febrero 5
by experimentacionanimal

EL AVANCE DE LA CIENCIA

La experimentación animal con fines biomédicos es el ámbito de experimentación socialmente más aceptado (MORI2005). La aceptación social surge del planteamiento del avance de la ciencia como fin en sí mismo, confiando nuestra calidad de vida al progreso científico y tecnológico. Pocas veces se hace un ejercicio de reflexión cuya pregunta básica sea “¿hacia dónde avanza la ciencia?”. Redefinir los objetivos ayudaría a entender cuáles son las necesidades actuales y no avanzar como un coche sin frenos hacia adelante por el mero hecho de avanzar. Gatos fluorescentes, ratones descomunalmente obesos, ovejas clónicas… nos hacen plantearnos la dirección que se está siguiendo.

Por otro lado se nos plantea que el avance de la ciencia es vital para salvar vidas humanas, pero si repasamos de qué se muere la gente en el mundo, vemos que esto no es así. Entonces, ¿para quién avanza la ciencia? Debemos saber que a pesar de sus pretensiones de objetividad, la ciencia y la medicina se nutren de los intereses, las inquietudes y las necesidades de las sociedades para escoger los problemas y las preguntas de investigación, los métodos y las aplicaciones. En la actualidad, los intereses económicos, importante motor de la sociedad, superan, con frecuencia, los intereses comunes. Esto explica la llamada “Brecha 90/10 en la investigación en salud”: menos del 10% de los gastos globales en investigación en salud se dedican a las enfermedades que representan el 90% de la carga de enfermedades en el mundo y que afectan sobre todo a la población de los países en desarrollo (Foro Global para la Investigación en Salud, 2000).

Más allá de los conflictos bélicos, los desplazamientos y los desastres naturales (los tres también afectan fundamentalmente a gente de países pobres), la principal causa de muerte en el mundo es la pobreza, que implica falta de agua potable (5.000 niños mueren/día por falta de agua), desnutrición (1/3 de los niños del mundo están desnutridos;  25.000 personas mueren al día por hambre), falta de asistencia sanitaria e  inaccesibilidad a medicamentos básicos que ya existen (los 10 millones de niños menores de cinco años que mueren anualmente podrían salvarse  con intervenciones sencillas y baratas). OMS, 2004.

Diez millones de niños mueren cada año por enfermedades que podrían ser prevenidas con menos del 1% del PNB de los países desarrollados; para la mayoría de la población mundial da igual que se descubran vacunas contra el SIDA o remedios contra el cáncer o el Alzheimer, porque nunca tendrán acceso a ellos, igual que hoy en día no tienen acceso a baratos anti-diarreicos. Es el desigual reparto de la riqueza y no la falta de conocimiento cientifico lo que mata a la gente.

En cuanto a los países ricos, no necesitamos más medicinas, sino cambiar nuestro estilo de vida. Las patologías que encabezan la lista de muertes prematuras son las enfermedades cardiacas,  los derrames cerebrales, el cáncer de pulmón, la neumonía y el asma o la bronquitis (OMS,  2004). Al menos el 80% de las muertes prematuras por enfermedades cardiovasculares y derrames cerebrales podrían prevenirsecon una dieta sana, una actividad física regular y evitando el uso consumo de tabaco (OMS, 2004).

En cuanto al cáncer, los factores principales que lo causan son: consumo de tabaco, exceso de peso u obesidad, consumo insuficiente de frutas y hortalizas, inactividad física, consumo de alcohol, enfermedades de transmisión sexual y contaminación del aire urbano (OMS, 2004). Todos estos factores son, en gran medida, prevenibles, y para dicha prevención no hace falta ningún tipo de experimentación con animales, sólo voluntad de cambiar el estilo de vida, tanto individual como colectivo.

Por último cabe preguntarse qué precio tiene el avance de la ciencia, a costa de quién avanza la ciencia. La respuesta siempre es la misma: a costa de otr@s. El avance científico nos sale rentable porque nunca pagamos un precio por él, ese precio lo pagan otr@s, aquell@s cuyo sufrimiento importa menos, ya sean animales o personas. Y decimos animales o personas porque también se experimenta con los humanos a los que se considera inferiores; la lista oficial de los comités de bioética de sujetos vulnerables de sufrir experimentos sin consentimiento incluye niños, mujeres, niños y adultos con alteraciones mentales, prisioneros, individuos internados en instituciones, individuos sometidos a una jerarquía y personas pobres de cualquier tipo. Actualmente se llevan a cabo investigaciones denominadas “safari” (Aristizabal, 2006), para probar medicamentos en países pobres, sobre todo en el caso del SIDA.

Algunos experimentos llevados a cabo sin consentimiento en el pasado muestran como la lógica es la misma que en el uso de animales; cuando la ciencia avanza a toda costa, eso significa a costa de los más indefensos:

–    Sífilis: Tuskegee, 1932-1972 (hombres negros pobres).

–    Anticonceptivos y esterilización (mujeres pobres portorriqueñas).

–    Fiebre tifoidea: 408 personas de instituciones benéficas.

–    Triacetil-olenadomicina: personas con diversidad funcional psíquica y delincuentes juveniles.

–    Hepatits infecciosas (Willowbrook State School ): niños con enfermedades o trastornos psíquicos.

–    49 niños de Massachusetts, con enfermedad psíquica y huérfanos recibieron, entre 1946 y 1956, cereales y leche mezclados con dosis radiactivas de hierro y calcio.

–    Estados Unidos inició en 1946 una serie de experimentos con más de 1.500 ciudadanos guatemaltecos, contagiándoles sífilis y gonorrea.

–    Vanderbilt University: 751 mujeres pobres recibieron cuidados médicos gratuitos durante el embarazo, mientras eran utilizadas en experimentos con radiactividad.

–    1990: A más de 1500 bebés negros e hispanos de Los Ángeles se les da una vacuna “experimental” del sarampión que nunca había sido autorizada en Estados Unidos.

–    1995: El Dr. Garth Nicolson revela evidencia de que los agentes biológicos usados durante la Guerra del Golfo habían sido probados en prisioneros de Texas.

–    1996: Epidemia de meningitis en Nigeria en la que Pfizer intervino voluntariamente en un programa de emergencia que había lanzado la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su colaboración consistió en enviar “Trovan” y “Ceftriaxone”, medicamentos prohibidos en Europa y EE.UU. Escogieron a 200 niños nigerianos huérfanos, dando cada medicamento a la mitad de ellos. 18 murieron y 182 sufrieron secuelas irreversibles (malformaciones, ceguera, parálisis o daños cerebrales). No se salvó ninguno.

–    Fármaco Virodene para el SIDA en Sudáfrica y Tanzania 2000-2001. Tras la prohibición de los ensayos en Sudáfrica en 1998, y la negativa de la Agencia de salud tanzana, los investigadores contactaron directamente con el ejercito tanzano y los ensayos se realizaron en secreto en hospitales militares en Tanzania.

Un artículo del New England Journal of Medicine publicado por el médico H. K. Beecher y titulado “Ética e investigación médica”, recopila cincuenta casos de experimentación con humanos sin consentimiento, especialmente en hospitales. En la introducción, Beecher alerta del incremento progresivo en la experimentación con humanos desde la Segunda Guerra Mundial, tanto en número como en variedad. Asimismo explica la creencia arraigada en ciertos círculos científicos de que prestar atención a la parte ética de los experimentos “bloquearía el progreso”. Hacer la analogía con el caso de los animales es simple.

LAS COMPAÑÍAS FARMACEÚTICAS

A las grandes compañías farmacéuticas no les importa la causa de las enfermedades, sino encontrar un remedio. Hay remedios para todo, y muchas veces nosotr@s buscamos la cura más rápida que nos permita volver a nuestra vida “normal”, sin escuchar a nuestro cuerpo y cambiar o evitar aquello que causó la enfermedad.

(Nota: Otras veces tenemos enfermedades graves que nos quitarían de en medio en pocos días y simplemente intentamos sobrevivir. Decimos esto porque algunas de las personas que critican la medicina occidental o se jactan de no haber recurrido nunca a ella es porque nunca han tenido una enfermedad grave; otras sí y han seguido sus principios, en eso no nos metemos. Lo que queremos evitar son los juicios fáciles y, sin hacer un alegato en pro de los medicamentos, recordar lo áspera que puede ser a veces la vida para algun@s y nuestra escasa capacidad de comprensión cuando no nos toca vivirlo en primera persona).

En la constante producción de medicamentos nos encontramos con que hay más de 200.000 sacados a la venta, a pesar de que la OMS afirma que no hay más de 240 medicinas esenciales.

Los adelgazantes, ansiolíticos y antidepresivos son, junto con los medicamentos para catarros y los antiinflamatorios, los más vendidos en las farmacias españolas. Esto también es una clara lectura de la sociedad en la que vivimos.

La otra razón para que haya tantos medicamentos es que las farmacéuticas tienen la tasa de beneficio más elevada de TODOS los sectores de producción, llegando al 55.281%. Además su influencia es también la mayor, por encima del petróleo; por ejemplo, en 7 años las farmacéuticas gastaron más de 700 millones de dólares en influir sobre el gobierno de Estados Unidos, el mayor gasto de la historia desde un sector de producción con este fin (más de 120 millones sólo en 2004). De hecho, Glaxo y Pfizer son las dos empresas que más dinero dieron a la campaña de Bush.

Para quien esté interesad@ en el tema de las compañías farmaceúticas, recomendamos el libro El gran secreto de la Industria farmaceútica, de Philippe Pignarre, autor con más de diecisiete años de experiencia en el sector que explica su tesis de la crisis de las farmacéuticas; el por qué cada vez se descubren menos medicamentos realmente eficaces o distintos a los que ya hay, y el por qué estas compañías cada vez gastan más dinero en publicidad y grupos de presión.

No comments yet

Leave a Reply

Note: You can use basic XHTML in your comments. Your email address will never be published.

Subscribe to this comment feed via RSS